Hoja

Te sentaste a leer o algo así, no lo sabes bien a mal, porqué leer te
preguntaste y otra vez la pregunta para qué, qué importan las preguntas es lo
de menos o lo de más, miras las letras, primero una y luego la otra sin
atragantarse  unidas uniéndose, como agua
entrando por los ojos no por la boca porque de ahí salen, aquí enraízan como
poros chupando la tinta de la lengua. Que qué haces te gritan—nada quisieras
decirle, nada sólo vadeando dos o tres líneas que no garabatos;

Ahí esta él sentado leyendo, como leyéndose que un día las teclas no
sabrán a lo mismo porque a las teclas se las están llevando, porque la culpa la
tiene la chingada, sí señor esa cabrona la muy hija de…, leyendo, el viento
suave entra por la ventana, acariciándole el rostro tarde soleada música si si
si de algún tiempo viene o llega la música, gritos de golpes dados a algún
cuero. Él se jala los cabellos frunce la palabra no el rostro lo que se arruga
es el papiro, el papiro de su cara

 

Estoy sentado, me vine acá señor a leer, a ver si hacía algo, a leer por
ejemplo, pero no se asuste señor que son licencias poéticas tramitadas a toda
ley, aquí le muestro mis facturas, si no sabe leer señor o no entiende mejor
que la palabra ni tiene sentido o al revés, me acomodo, tomo la hoja entre diestra
y zurda, de izquierda a derecha de arriba a bajo recorro corriendo pes o eles o
jotas o as o es o una te por ahí entre tanto punto y coma, y pienso ¿o palabro?
No estoy seguro si primero palabro o pienso, palabro luego soy, no no debe ser
como me dijeron en la escuela así como ahorita lo estoy haciendo y miras hacia
abajo una rápida hojeada con ache y sin ache, cómo termina esto ¿acaso alguna
vez empezó?

En el pozo de la O, señor, ahí en su mero fondo está usted y yo, es
decir usted que soy yo o yo que soy usted, sosteniendo una hoja, se da cuenta
acaba de decir hoja, acabamos de decir hoja, no mueva la cabeza señor, es que
caminamos alrededor de la O, señor, ahí estuvo el error, la tachadura que que
queremos borrar

Cuando usted llega a la O y entonces dice O, la lee, la dice, la habla,
la palabra, inicia la punta y entonces cree llegar al final de la O, mentira
vuelve a llegar a la punta y de nuevo raspando los zapatos y la lengua va
siendo tragado encerrado hasta que llegamos aquí sentados leyendo una hoja.

 

Gabriel Feregrino

Abril 1999