Primera ocurrencia del escritor afásico

Se me ocurrió así, de pronto, de golpe, como un relumbrón, unos tipos que van a desenterrar unos muertos en un panteón, pero así igual como un relumbrón, digo que no, no lo vale, apenas me detengo ante ti y ya sé que no podré contarla, una historia más que no voy a contar. Y si te dijera que ya tengo una obra gorda y voluminosa de relatos que no serán contados  jamás, porqué, porque no, así no, no puedo. Tal vez uno o dos o tres frases y no más, ya no se me ocurré nada o lo que se me ocurre creo que no tiene sentido, además ya hay tanto contado. Alguien está contando o ya contó o contará lo que yo podría contar, quizás sea por eso que me quedo a medias, lo acepto me da miedo, de qué… no sé y bueno sí lo sé, a veces creo que me falta aliento, es como hacer un buzito, ya sabes sumergirte en el agua, te digo, es un buzito que en cuanto te hundes en el agua tapándote la nariz, de inmediatp quieres salir de ella, y es peor porque te imaginas ahí, con los dedos apretandote la nariz resistiendo cinco diez quince segundos bajo el agua, pero todo lo imaginas saliendo perfecto y cuando lo intentas ni siquiera eres capaz de hundirte

Te he mentido, no sé me ocurrió, es una historia que alguien me platicó y es verdad, sí sucedió, claro

Lo peor es cuando

Me da coraje pensar

Y mira, hasta dónde hemos llegado ni siquiera sé cuántos renglones he escrito hasta ahora, y es que yo cuento las historias por renglones, si las contará por cuartillas, no podría de verdad no podría, pero mira he llegado hasta aquí y aunque no pude contarte aquélla historia de los tipos que desentierran muertitos cuando menos he podido contarte la otra, la de cómo no pude contar una historia y sin embargo esa es una historia.

Gabriel Feregrino